La casa de vapor
La casa de vapor Sir Edward Munro no estaba allí en los primeros momentos en que los soldados de Havelock se apoderaron de la ciudad. No llegó sino dos días después del odioso sacrificio y, a la sazón, no tenía delante de su vista más que el sitio donde se abrió el funesto pozo, tumba de las doscientas víctimas del nabab.
Esta vez Banks, con la ayuda del sargento, logró separarle a la fuerza de aquel lugar aciago.
El coronel Munro no debía olvidar jamás aquellas palabras que uno de los soldados de Havelock trazó con su bayoneta en el brocal del pozo:
«Acuérdate de Cawnpore».