La casa de vapor
La casa de vapor Debo decir, ante todo, que desde el día siguiente nuestro valiente Gumí, desarmado por el rayo, se sintió mejor. La parálisis de su pierna izquierda fue solo temporal, y al poco tiempo no conservó señal ninguna del accidente, aunque siempre le quedó cierto rencor al fuego del cielo.
En los días seis y siete de junio, el capitán Hod, con auxilio de Fox y de Banks, logró alguna caza mayor, pudiendo traernos una pareja de esos antílopes llamados nilgós en el país. Son una especie de bueyes azules de la India, que sería más justo llamar ciervos, porque se parecen más a los ciervos que a los congéneres del dios Apis. Podría llamárseles también ciervos de color gris perla, porque su color se parece más al de un cielo tempestuoso que al del cielo azulado. Se asegura, sin embargo, que en algunos de estos hermosos animales de pequeños cuernos, acerados y rectos, de cabeza larga y ligeramente convexa, la piel se pone casi azul, color que la naturaleza ha negado invariablemente a los cuadrúpedos y hasta al zorro azul, cuya piel más bien es negra.