La casa de vapor
La casa de vapor —Vea usted —y poniendo el arma en tierra sacó el cartucho del cañón de la izquierda.
Era un cartucho con bala. Todo quedó explicado.
El capitán Hod tenÃa una carabina de dos cañones y un fusil de caza también doble, ambos del mismo calibre; y Fox, a la vez que, por equivocación, habÃa cargado la carabina con cartuchos de perdigones, habÃa cargado el fusil de caza con cartuchos de bala explosiva: error que si la vÃspera habÃa salvado al leopardo, aquel dÃa nos habÃa salvado a nosotros.
—Sà —respondió el capitán Hod—, y jamás me he encontrado tan cerca de la muerte.
Media hora después estábamos de vuelta en el campamento, y Hod llamaba a Fox y le narraba lo ocurrido.
—Mi capitán —respondió el asistente—, eso prueba que en vez de dos dÃas de arresto, merezco cuatro, porque me he equivocado dos veces.
—Ese es mi parecer —respondió el capitán Hod—; pero como tu error me ha valido matar el tigre número cuarenta y uno, soy también de opinión de ofrecerte esta guinea.
—Opino que la debo tomar —respondió Fox metiéndosela en el bolsillo.
Tales fueron los incidentes que marcaron el primer encuentro del capitán Hod con su tigre número 41.