La casa de vapor
La casa de vapor Algunas aldeas con sus casas de paja o de bambú, dos o tres granjas perdidas entre los grandes árboles se ofrecían todavía a nuestra vista; pero separadas ya por un número mayor de millas. La población iba disminuyendo a medida que nos acercábamos a las tierras altas.
Sobre estos vastos paisajes hay que extender, como fondo del cuadro, un cielo gris y brumoso. La lluvia caía con frecuencia en fuertes chaparrones. Durante cuatro días, del 13 al 17 de junio, no tuvimos quizá medio día de calma, por lo cual tuvimos que permanecer en el salón de la «Casa de Vapor» pasando las largas horas como en una habitación sedentaria, fumando, charlando o jugando al whist.
Entretanto, los fusiles colgaban, con gran disgusto del capitán Hod.
El 17 de junio se estableció el campamento cerca de un serai, nombre que llevan los bungalow destinados especialmente a los viajeros. El tiempo había aclarado un poco, y el Gigante de Acero, que había trabajado mucho durante los últimos cuatro días, reclamaba, si no algún descanso, a lo menos algún cuidado. Convinimos, pues, en pasar aquella tarde y la noche en el campamento.