La casa de vapor
La casa de vapor Había conocido en París al ingeniero Banks y hacía algunos años que nos habíamos hecho amigos, amistad que el trato había estrechado naturalmente. Prometile ir a verle a Calcuta cuando hubiese concluido la red de ferrocarriles de Scindia, Punjab y Delhi, de la cual estaba encargado. Se habían terminado ya las obras; Banks tenía derecho a un descanso de varios meses y yo había acudido para invitarle a descansar recorriendo la India. Inútil es decir que aceptó mi proposición con entusiasmo; y debíamos ponernos en marcha pocas semanas después, en cuanto el tiempo fuese más favorable.
A mi llegada a Calcuta en el mes de marzo de 1867, Banks me presentó a uno de sus amigos, el coronel Munro, en cuya casa pasamos la noche.
El coronel, que contaba entonces cuarenta y siete años, vivía en una casa un poco aislada en el barrio europeo, y, por consiguiente, fuera del movimiento que caracteriza aquella ciudad comercial negra de que se compone en realidad la capital de la India. Este barrio ha sido llamado alguna vez la Ciudad de los Palacios; y en efecto no faltan palacios, si puede aplicarse esta denominación a casas que no tienen de palacio más que los pórticos, las columnas y los terrados. Calcuta es el punto donde se reúnen todos los órdenes arquitectónicos, que el gusto inglés pone generalmente a contribución en sus ciudades de los dos mundos.