La casa de vapor
La casa de vapor —El camino de Bombay —dijo Balao-Rao— llega hasta las playas del océano Índico.
—El camino de Bombay, esta vez —dijo Nana Sahib—, terminará en los Vindya.
Con esta respuesta lo decĂa todo.
Los caballos marcharon otra vez al galope y se lanzaron a través del bosque donde comenzaba el valle del Nerbudda.
Eran entonces las cinco de la mañana y ya amanecĂa. Nana Sahib, Balao-Rao y sus compañeros acababan de llegar al lecho torrencial del Nazur, que conducĂa hacia el pal.
Allà se apearon de los caballos, que fueron conducidos por dos gunds a la aldea más cercana.
Los demás siguieron a los dos hermanos, que subieron a pie por las aguas del torrente.
Todo estaba en calma; los primeros ruidos del alba no habĂan interrumpido el silencio de la noche.
De pronto, se oyĂł un tiro seguido de otros muchos, y, al mismo tiempo, estos gritos:
—¡Hurra, hurra; adelante!
Un oficial, al frente de unos cincuenta soldados del ejército real, se presentó en la cresta del pal.
—¡Fuego, y que ninguno escape! —gritó el oficial.