La casa de vapor

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Estaba rodeado por los cuatro lados por una empalizada con una puerta bastante ancha para dar paso a los carros. En el fondo, una larga casa hecha de troncos de árboles y de tablas, servía de única habitación a todos los habitantes del kraal. Seis jaldas, divididas en varias secciones y montadas sobre cuatro ruedas cada una, estaban colocadas en escuadra al extremo izquierdo del recinto. Por los rugidos que de ellas salían a la sazón, podía juzgarse que no les faltaban huéspedes. A la derecha, una docena de búfalos, que se alimentaban en los buenos pastos de la montaña, estaban encerrados al descubierto. Era el tren ordinario de las jaulas. Seis carreteros destinados a conducir los carros y diez indios especialmente ejercitados en la caza de fieras, completaban el personal del establecimiento.

Los carreteros estaban contratados tan solo durante la campaña de caza. Su servicio consistía en conducir los carros a los sitios de caza y llevarlos después a la estación más próxima del ferrocarril. Allí se les ponía en plataformas a propósito, y de este modo podían llegar rápidamente por Allahabad, ya a Bombay, ya a Calcuta.

Los cazadores, de raza india, pertenecían a esa categoría de gente de oficio que recibe el nombre de chikaris y cuyo empleo consiste en buscar las huellas de los animales feroces, hacerlos salir de sus madrigueras y capturarlos.


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