La casa de vapor
La casa de vapor —Por mi parte —dijo Mathias Van Guitt—, miro a esos pretendidos reyes de los animales como inferiores a sus congéneres de la antigua Libia. Aquà los machos no llevan esa melena que es el patrimonio del león africano, y, en mi concepto, no son sino Sansones tristemente esquilados. Por lo demás, han desaparecido casi por completo de la India Central, para refugiarse en el Kattyawar, en el desierto de Theil y a orillas del Tarryani. Estos felinos degenerados que viven ahora como ermitaños o como solitarios, no pueden regenerarse con el contacto de sus semejantes; por eso no les califico en la primera categorÃa de la escala de los cuadrúpedos. A la verdad, señores, se puede uno librar del león; pero del tigre, jamás.
—¡Ah, los tigres! —exclamó el capitán Hod.
—¡SÃ, los tigres! —repitió Fox.