La casa de vapor
La casa de vapor —El tigre —prosiguió Mathias Van Guitt, animándose— es el que merece la corona entre los animales. Se dice el tigre real y no el león real, y es justo que asà se diga. La India le pertenece toda entera y se resume en él. ¿No ha sido el primer ocupante del suelo? ¿No está en su derecho considerando como invasores, no solamente a los representantes de la raza anglosajona, sino también a los hijos de la raza solar? ¿No es él el verdadero hijo de esta tierra santa de la Aryavarta? Por eso se ven tan admirables fieras repartidas por toda la superficie de la penÃnsula y no han abandonado uno solo de los distritos de sus antepasados, desde el cabo ComorÃn hasta la barrera del Himalaya.
Y el brazo de Mathias Van Guitt, después de haber figurado un promontorio adelantado hacia el sur, subió hacia el norte para designar toda una cresta de montañas.