La casa de vapor
La casa de vapor Aquello nos produjo una viva inquietud, porque evidentemente la marcha del coronel tenía relación con un pasado que habíamos creído cerrado para siempre. Pero ¿qué hacer? No podíamos seguir sus huellas, porque ignorábamos la dirección que había tomado y el punto de la frontera del Nepal que se proponía visitar. Por otra parte, no dejábamos de reconocer que, si no había hablado a Banks de su propósito, era porque temía las observaciones de su amigo, y había querido evitarlas. Banks sintió vivamente habernos acompañado en nuestra expedición.
Pero era preciso resignarse y esperar. El coronel Munro, indudablemente, regresaría antes de fin de agosto, que era el último mes que debíamos pasar en el sanitarium antes de tomar por el suroeste el camino de Bombay.
Solícitamente atendido por Banks, Kalagani no estuvo más que veinticuatro horas en la «Casa de Vapor». Su herida debía cicatrizar rápidamente, y nos dejó para volver al kraal y así continuar sus servicios.