La casa de vapor
La casa de vapor El mes de agosto comenzó también con lluvias violentÃsimas, con un tiempo capaz de resfriar a las ranas, según la expresión del capitán Hod; pero, en suma, debÃa ser menos lluvioso que el mes de julio, y, por consiguiente, más propicio a nuestras excursiones por el Tarryani. Nuestras relaciones con el kraal eran frecuentes. Mathias Van Guitt no estaba muy satisfecho; pensaba también en abandonar el campamento en los primeros dÃas de septiembre; sin embargo, faltaban para completar su colección: un león, dos tigres y dos leopardos, y no hallaba medio de atraparlos.
En cambio, a falta de los actores que querÃa contratar por cuenta de sus comitentes, se presentaron otros con quienes no contaba.
En efecto, el 4 de agosto, un oso magnÃfico cayó en una de sus trampas.
Estábamos presentes en el kraal cuando sus chikaris le llevaron en la jaula de ruedas un preso de gran tamaño, piel negra, garras aceradas, largas orejas guarnecidas de pelo, carácter especial de los representantes de la familia de los ursinos en la India.
—¡Eh! ¿Para qué quiero yo ese inútil plantÃgrado? —exclamó el proveedor encogiéndose de hombros.
—¡El hermano Globo, el hermano Globo! —repetÃan los indios.