La casa de vapor

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Al parecer, los indios, que se llaman sobrinos de los tigres, son hermanos de los osos.

Pero Mathias Van Guitt, no obstante aquel grado de parentesco, recibió al hermano Globo con visibles muestras de mal humor. Capturar osos cuando necesitaba tigres no era cosa que podía contentarle. ¿Qué iba a hacer de aquel animal inoportuno? No le convenía mantenerlo, sin esperanza de recobrar el gasto que hiciera. El oso indio era poco solicitado en los mercados de Europa; no tenía el valor mercantil del grizzly de América, ni el del oso polar. Por eso, Mathias Van Guitt, buen comerciante, no quería recibir aquel animal, del cual difícilmente podría deshacerse.

—¿Lo quiere usted? —preguntó al capitán.

—¿Y para qué? —inquirió este.

—Para hacer chuletas —dijo el proveedor—, si me permite emplear esta catacresis.

—Señor Van Guitt —respondió seriamente Banks—, la catacresis es una figura permitida cuando, a falta de otra expresión, traduce convenientemente el pensamiento.

—Ese es mi parecer —replicó el proveedor.

—Y bien, Hod —dijo Banks—, ¿quiere o no quiere usted el oso del señor Van Guitt?


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