La casa de vapor

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—¡No, pardiez! —respondió el capitán—. Comer chuletas de oso cuando está muerto el oso, pase; pero matarlo expresamente para comer sus chuletas, no es cosa que abra el apetito.

—Entonces, que se devuelva la libertad a ese plantígrado —dijo Mathias Van Guitt, volviéndose hacia sus chikaris.

Estos obedecieron al proveedor, sacando la jaula fuera del kraal. Uno de los indios abrió la puerta y el hermano Globo, que parecía avergonzado de su situación, salió inmediatamente, aunque con paso tranquilo, de la jaula, hizo un movimiento de cabeza que parecía ser una acción de gracias, y se alejó dando un gruñido de satisfacción.

—Ha ejecutado usted una buena acción, señor Van Guitt —dijo Banks—, y no dudo de que tendrá su recompensa.

Banks no presumía que fuera tan buen profeta.

El día 6 de agosto debía quedar recompensado el proveedor con una de las fieras que faltaban a su colección.

Referiremos las circunstancias en que fue atrapada.


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