La casa de vapor
La casa de vapor Tal fue entonces el encarnizamiento de aquellas bestias feroces, unido a la cólera de los tigres aprisionados en las jaulas inmediatas, que aquella en que estábamos, oscilando sobre sus ruedas, estuvo a punto de caer.
Pero los tigres la abandonaron en breve para dirigirse a otra presa, sin duda más accesible.
¡Qué escena aquella, de la cual no perdÃamos ningún pormenor, mirando por entre las barras de nuestra jaula!
—Este es el mundo al revés —exclamó el capitán Hod, furioso—; ellos fuera y nosotros dentro.
—¿Cómo está su herida?
—No es nada.
Cinco o seis disparos sonaron en aquel momento. PartÃan de la casa ocupada por Mathias Van Guitt y que atacaban dos tigres y tres panteras.
Uno de estos animales cayó muerto por una bala explosiva que debÃa haber salido de la carabina de Storr.
Los demás se habÃan precipitado sobre el grupo de búfalos, y aquellos desgraciados rumiantes iban a encontrarse sin defensa contra tales adversarios.
Fox, Kalagani y los indios, que habÃan tenido que arrojar sus armas para trepar más ligeramente a los árboles, no podÃan auxiliarles.