La casa de vapor
La casa de vapor Mandó enterrar a los tres indios, cuyos restos fueron depositados en un rincón del kraal, en un foso bastante profundo para que las fieras no pudieran desenterrarlos.
No tardó en alborear el día por encima de los montes del Tarryani, y después de habernos dado mutuamente grandes apretones de manos, nos despedimos de Mathias Van Guitt.
Para acompañamos, a lo menos durante el paso del bosque, quiso poner a nuestra disposición a Kalagani y dos de sus indios. Aceptamos su oferta y a las seis de la mañana salimos del recinto del kraal.
Durante nuestro regreso, no tuvimos ningún mal encuentro. No encontramos vestigios de tigres ni de panteras; sin duda, las fieras, hartas de carne, habían vuelto a sus guaridas y no era aquel el momento de ir a sacarlas de ellas.
En cuanto a los búfalos que se habían escapado del kraal, o bien habían sido degollados y yacían bajo las altas hierbas o bien perdidos en las profundidades del Tarryani. No podía contarse con que su instinto les volviera a llevar al kraal, y debían considerarse como definitivamente perdidos para el proveedor.
Al final del bosque, Kalagani y los dos indios nos dejaron, y una hora después Fan y Black anunciaban con sus ladridos nuestro regreso a la «Casa de Vapor».