La casa de vapor
La casa de vapor Desde el paso del alto Ganges, efectuado por la «Casa de Vapor» quince días antes, se desarrollaban en un fértil país magníficos territorios ante el Gigante de Acero. Eran el Doab, situado en el ángulo que forma el Ganges y el Yamuna, antes de unirse cerca de Allahabad. Llanuras de aluvión, puestas en cultivo por los brahmanes veinte siglos antes de la Era Cristiana; procedimientos agrícolas, todavía muy primitivos, entre los campesinos; grandes obras de canalización, debidas a los ingenieros ingleses; campos de algodoneros, que prosperan más especialmente en este territorio; gemidos de la prensa de algodón, que funciona cerca de la aldea; cánticos de los obreros que la ponen en movimiento: tales son las impresiones que me han quedado de aquel país de Doab, donde se fundó antiguamente la primitiva iglesia.
El viaje se hacía en las mejores condiciones; los sitios variaban, por decirlo así, al capricho de nuestra fantasía; la habitación cambiaba de sitio sin fatigarnos, causando placer a la vista. ¿No era aquella, como había dicho Banks, la última expresión del progreso, en el arte de la locomoción? Carretas de bueyes, coches tirados por caballos o mulas, carruajes de los ferrocarriles, ¿qué eran al lado de nuestras casas de ruedas?