La casa de vapor
La casa de vapor Hasta entonces, nuestra travesía por el Bundelkund se había efectuado sin obstáculo. Este país, sin embargo, es uno de los más sospechosos de la India, porque en él suelen refugiarse todos los criminales, no faltando especialmente los salteadores de caminos. Allí los dacoits se entregan más particularmente a sus dos oficios de envenenadores y ladrones, y por tanto es prudente mantenerse alerta cuando se atraviesa este territorio. La parte peor de Bundelkund es precisamente la región montañosa de los Vindya, en la cual la «Casa de Vapor» iba a penetrar. El trayecto no era largo; cien kilómetros, todo lo más, hasta Yubbulpore, que es la estación más próxima del ferrocarril de Bombay a Allahabad; pero no podíamos contar con hacer la marcha tan rápida y fácilmente como la habíamos hecho por las llanuras de Scindia. Pendientes demasiado pronunciadas, caminos en mal estado, suelo pedregoso, recodos bruscos, estrechez de ciertas partes de los caminos, todo debía contribuir a reducir la celeridad media de nuestro tren. Banks no pensaba llegar a más de 15 a 20 kilómetros en las diez horas de que se componían nuestros días de marcha, y aun así dispuso que día y noche se vigilasen las inmediaciones de los caminos y de los campamentos con todo cuidado.