La casa de vapor
La casa de vapor Bajo el punto de vista de la locomoción, todo iba, pues, tan perfectamente como podía desearse. La lluvia había cesado del todo; el cielo, medio velado por ligeras nieblas que disminuían la intensidad de los rayos solares, no amenazaban con ninguna de esas tempestades cuya violencia es particularmente temible en la región central de la península. El calor, sin ser intenso, no dejaba de molestamos un poco durante algunas horas del día; pero, en suma, la temperatura se conservaba en un grado medio muy soportable para viajeros perfectamente protegidos en sitios cerrados.
No faltaba la caza menuda, y nuestros cazadores proveían a las necesidades de la mesa sin apartarse de la «Casa de Vapor» más de lo que convenía.
Solo el capitán Hod, y también Fox, sin duda, podían lamentar la ausencia de aquellas fieras que abundaban en el Tarryani. Pero ¿podían esperar que se encontrasen leones, tigres y panteras donde faltaban los rumiantes necesarios para su alimento?
Sin embargo, si no había fieras en la fauna de los Vindya, se nos presentaba la ocasión de trabar amplio conocimiento con los elefantes de la India, con los elefantes salvajes, de los cuales hasta entonces no habíamos visto sino muy pocos.