La casa de vapor
La casa de vapor En cuanto a los errores de itinerario, no parecía que fuesen de temer. Kalagani conocía perfectamente aquellos pasos sinuosos de la región de los Vindya, y más particularmente aquella garganta de Sirgur. Así no vacilaba nunca, ni siquiera cuando se presentaban encrucijadas de muchos caminos entre las altas rocas, en el fondo de estrechas salidas o en medio de los espesos bosques de árboles alpestres que limitan a doscientos o trescientos pasos el horizonte.
Si alguna vez se ausentaba para ir delante, ya solo, ya acompañado de Banks, de mí o de cualquiera otro de nuestros camaradas, era para reconocer, no el camino, sino el estado del mismo.
En efecto, las lluvias durante la estación húmeda, de la cual apenas acabábamos de salir, habían deteriorado las calzadas y cubierto el suelo de baches, circunstancias que convenía tener en cuenta antes de empeñarse en caminos donde no era fácil retroceder.