La casa de vapor
La casa de vapor Sir Edward Munro no se engañaba. Una masa de cincuenta o sesenta elefantes marchaba ya detrás de nuestro tren; iban en filas apretadas y ya los primeros se habían acercado a menos de diez metros de la «Casa de Vapor», de manera que era posible observarles minuciosamente.
A la cabeza marchaba entonces uno de los mayores del grupo, aunque su estatura, medida verticalmente desde el lomo, no pasaba de tres metros. Como he dicho, esta es una alzada inferior a la de los elefantes de África, algunos de los cuales llegan a tener cuatro metros. Los colmillos de aquel elefante, igualmente más cortos que los de sus congéneres africanos, no tenían más de un metro y medio en curvatura exterior, y cuarenta centímetros a la salida del eje óseo que les sirve de base. En la isla de Ceilán se encuentran cierto número de estos animales que no tienen colmillos, arma formidable de que se sirven con destreza; pero estos mucknas, nombre que se da a esta clase de elefantes, son muy raros en los territorios del Indostán propiamente dicho.