La casa de vapor
La casa de vapor Nana Sahib tuvo gran cuidado de explotar la noticia porque le proporcionaba una seguridad casi absoluta. Balao-Rao no debía ser buscado por la policía inglesa con el mismo encarnizamiento ni la misma persistencia que él. No solamente no se imputaban a Balao-Rao los asesinatos de Cawnpore, sino que tampoco tenía sobre los indios del país central la influencia perniciosa que poseía el nabab.
Nana Sahib, viéndose perseguido tan de cerca, había resuelto hacer creer que había muerto hasta el momento en que pudiera mostrarse definitivamente; y renunciando por de pronto a sus proyectos de insurrección general, se había dedicado enteramente a su venganza. Jamás las circunstancias habían sido más favorables para ella: el coronel Munro, siempre vigilado por sus agentes, acababa de salir de Calcuta para emprender un viaje que debía conducirle hasta Bombay. ¿No sería posible llevarle a la región de los Vindya atravesando las provincias del Bundelkund? Así lo pensó, y con este objeto envió al inteligente Kalagani.
Después dejó el pal de Tandit, que no le ofrecía ya abrigo seguro, y por el valle del Nerbudda llegó hasta las últimas gargantas de los Vindya. Allí se levantaba la fortaleza de Ripore, que le ofreció refugio seguro, donde la policía no iría a buscarle, puesto que debía creerle muerto.