La casa de vapor
La casa de vapor Acabáis de ver atar vivos a la boca de los cañones y destrozar a dos de vuestros compañeros: tal es el castigo que espera a todos los traidores. Vuestra conciencia os dirá las penas que van a sufrir en el otro mundo. Los dos soldados han sido ejecutados por medio del cañón y no en la horca, porque he querido evitarles la deshonra del contacto con el verdugo y probar de ese modo que el Gobierno, aun en estos días de crisis, no quiere hacer nada que pueda ofender en lo más pequeño vuestras preocupaciones de religión y de casta.
El 30 de julio, mil doscientos treinta y siete prisioneros caían sucesivamente ante el pelotón de ejecución, y otros cincuenta no se libraban del último suplicio sino para morir, de hambre y de asfixia, en la prisión donde los tenían encerrados.
El 27 de agosto, de ochocientos setenta cipayos que huían de Lahore, seiscientos cincuenta y nueve fueron cruelmente muertos por los soldados del ejército real.