La caza del meteoro
La caza del meteoro Él es, «Omicron», efectivamente es él! —gritó Mr. Dean Forsyth, tan pronto como hubo aplicado el ojo al ocular de su telescopio.
—El mismo —declaró «Omicron», añadiendo—: y haga el Cielo que el doctor Hudelson no se halle en este momento en su torrecilla.
—O si está, que no pueda encontrar el bólido.
—Nuestro bólido —precisó «Omicron».
—¡Mi bólido! —rectificó Dean Forsyth.
Ambos se equivocaban. El anteojo del doctor Hudelson se hallaba en aquel mismo momento dirigido hacia el Sudeste, región del cielo recorrida entonces por el meteoro. HabÃale visto tan pronto como apareció, y lo mismo que la torre, la torrecilla no le perdió de vista hasta el instante en que desapareció entre las brumas del Sur.
Por lo demás, no fueron los astrónomos de Whaston los únicos en señalar el bólido; también lo percibió el observatorio de Pittsburg.
