La caza del meteoro
La caza del meteoro Si esos cuatro personajes se hubiesen impuesto tan sólo veinticuatro horas de reflexión, su conducta habrÃa sido seguramente por completo distinta.
En la mañana del siguiente dÃa publicaron, en efecto, los periódicos de Whaston y de otros puntos, con la firma de J. B. K. Lowenthal, director del observatorio de Boston, una nota que variaba extraordinariamente la situación.
Nada tierna era esta nota para las dos glorias whastonianas; y se hallaba concebida en los siguientes términos :
Una comunicación, hecha en los dÃas últimos por dos aficionados de la ciudad de Whaston, ha conmovido profundamente al público. Creemos deber restablecer las cosas en su verdadero y lógico punto.
Se nos permitirá, en primer término, deplorar que comunicaciones de tal gravedad sean hechas a la ligera, sin haber sido previamente sometidas a la comprobación de verdaderos sabios, que no faltan.
Muy glorioso es, sin duda, ser el primero en descubrir un cuerpo celeste que tiene la complacencia de atravesar el campo de un anteojo dirigido hacia el cielo. Pero ese favorable azar no tiene la virtud de transformar de repente a simples aficionados en matemáticos de profesión.