La caza del meteoro
La caza del meteoro De temer era que la sobreexcitación fuera en aumento de dÃa en dÃa, ya que de dÃa en dÃa, según las notas de J. B. K. Lowenthal, la caÃda del bólido debÃa considerarse como más y más probable cada vez.
Después de unas diez comunicaciones, en que se relataban los locos movimientos del meteoro, el astrónomo pudo comprobar que, de repente, en la noche del 11 al 12 de junio, cesando el meteoro en sus fantásticas peregrinaciones, era de nuevo solicitado por una fuerza regular y constante, que no por ser desconocida era menos contraria a todo lo racional.
El sabio director del observatorio de Boston, en sus últimas notas escalonadas del 5 al 14 de julio, se mostraba más audaz en sus pronósticos. Anunciaba al propio tiempo, en términos más explÃcitos cada vez, que una nueva y muy importante modificación habÃa sobrevenido en la marcha del bólido, cuyas consecuencias el público no tardarÃa en conocer.
En esa fecha precisamente del 14 de julio, la Conferencia Internacional se habÃa metido en un callejón sin salida.
Habiendo sido rechazadas todas las combinaciones que sucesivamente habÃan ido discutiéndose, faltaba ahora materia sobre qué discutir, y los delegados se miraban entre sà sin saber qué decir ni hacer.