La caza del meteoro
La caza del meteoro El término Groenlandia significa Tierra verde, pero Tierra blanca hubiera convenido más a este país cubierto de nieve. No pudo ser bautizado así más que por una agradable ironía de su padrino, un tal Eric «el Rojo», marino del siglo X, que era probablemente tan rojo como la Groenlandia verde.
Tal vez, después de todo, esperaba este escandinavo convencer a sus compatriotas para colonizar aquella verde región hiperbórea.
Los colonos no se dejaron tentar por ese nombre encantador, y actualmente, contando con los indígenas, la población groenlandesa no pasa de diez mil habitantes.
Si hay algún país que no fuese formado para recibir un bólido que valía cinco mil setecientos ochenta y ocho millares de millones, era indudablemente éste; fuerza es reconocerlo así.
Más de uno de entre la multitud de pasajeros a quienes la curiosidad llevaba a Upernivik debió de permitirse semejante reflexión: ¿no le habría sido más fácil al bólido caer algunos centenares de leguas más al Sur, en la superficie de las extensas llanuras del Dominio o de la Unión, donde tan fácil hubiera sido hallarlo...?
