La caza del meteoro

La caza del meteoro

Capítulo XVIII

Al instante, pareció que la locura se había apoderado de todos.

Extendida en un instante la nueva, revolucionó a los turistas y a la población groenlandesa, los buques en rada fueron abandonados por sus tripulaciones y un verdadero torrente humano se lanzó en la dirección indicada por el mensajero indígena como lugar de la caída del bólido.

Si la atención de todos no hubiese estado acaparada en provecho del famoso meteoro, habría podido notarse en aquel preciso instante un hecho difícilmente explicable.

Como obedeciendo a una señal misteriosa, uno de los buques anclados en la bahía, un steamer, cuya chimenea lanzaba humo desde el amanecer, levó anclas y se dirigió a todo vapor hacia alta mar. Era un buque de formas alargadas, de mucho andar, según toda verosimilitud. En pocos minutos desapareció detrás del promontorio.

Semejante conducta era para sorprender a cualquiera.

¿Por qué haber ido hasta Upernivik para abandonarle en el momento en que había algo que ver allí? ¿Qué sería eso?


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