La caza del meteoro

La caza del meteoro

Capítulo XIX

Habría llegado sin percance ni tropiezos a su destino, Zephyrin Xirdal, de estar completamente solo? Posible es, porque todo es posible en este mundo.

Habríase, no obstante, dado pruebas de gran prudencia, apostando por la negativa.

Sea de ello lo que quiera, había faltado la ocasión de hacer apuestas a este respecto, toda vez que su buena estrella le había puesto bajo la salvaguardia de un mentor, cuyo espíritu práctico neutralizaba la desmesurada fantasía de este original.

No conoció, por consiguiente, Zephyrin Xirdal las dificultades de un viaje, bastante complicado en verdad, pero que Monsieur Robert Lecoeur había logrado nacer más sencillo que un paseo por los alrededores.

En El Havre, donde les había conducido el expreso en pocas horas, los dos viajeros fueron acogidos con apresuramiento a bordo de un magnífico steamer, que soltó en seguida sus amarras y ganó la alta mar sin esperar a otros pasajeros.

El Atlantic, en efecto, no era un paquebot, sino más bien un yate de quinientas a seiscientas toneladas, fletado por Monsieur Robert Lecoeur y a su exclusiva disposición.


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