La caza del meteoro
La caza del meteoro Desde el dÃa siguiente, 19 de setiembre, Mr. Dean Forsyth, «Omicron» y Francis Gordon de una parte; Mr. Sydney Hudelson y Jenny, de la otra, estaban de regreso, los primeros en la torre de Elisabeth Street y los segundos en la torrecilla de Moriss Street.
Esperábaseles con impaciencia.
Mrs. Hudelson y su hija Loo encontrábanse en la estación de Whaston, asà como también la estimable Mitz, cuando el tren de Charleston dejó a los viajeros; y no pudieron, en verdad, quejarse éstos del recibimiento que se les hizo.
Francis Gordon abrazó a su futura suegra y Mr. Dean Forsyth estrechó cordialmente la mano de Mrs. Hudelson, como si nada hubiera pasado. Ninguna alusión se hubiera siquiera hecho a los dÃas penosos, si Miss Loo, un poco inquieta siempre, no hubiera querido asegurarse de ello,
—Todo está acabado, ¿verdad? —dijo ella, lanzándose al cuello de Mr. Dean Forsyth.
SÃ, todo estaba definitivamente terminado.
Buena prueba de ello fue que las campanas de San Andrés repicaron el 30 de setiembre con sus más alegres sones. Ante una brillante reunión, que comprendÃa a los parientes y amigos de ambas familia y las notabilidades de la ciudad, el reverendo O'Garth celebró el matrimonio de Francis Gordon y de Jenny Hudelson, arribados felizmente a puerto tras tantas vicisitudes y tormentas.