La caza del meteoro

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Capítulo VI

Si algún continente puede estar orgulloso de una de las regiones que le componen como un padre lo estaría de uno de sus hijos, es América. Si alguna república puede estar orgullosa de uno de los estados cuyo agrupamiento la constituye, es la de los Estados Unidos. Si uno de esos cincuenta y un estados, cuyas cincuenta y una estrellas constituyen un ángulo de la bandera federal, puede estar orgulloso de una de sus ciudades, es Virginia, capital, Richmond. Si, finalmente, una ciudad de Virginia puede estar orgullosa de sus hijos, es indudablemente la ciudad de Whaston, donde acaba de hacerse ese importante descubrimiento que debía ocupar un lugar muy considerable en los anales astronómicos del siglo.

Tal era, al menos, la opinión unánime de los habitantes de Whaston.

Como es fácil presumir, los periódicos, los de Whaston al menos, publicaron los más entusiastas artículos sobre Mr. Dean Forsyth y el doctor Hudelson. ¿No vendría a reflejarse sobre la ciudad toda la gloria de esos dos ilustres ciudadanos? ¿Quién de sus habitantes dejaba de tener parte en ella? ¿No iba a verse el nombre de Whaston unido para siempre a este descubrimiento?


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