La estrella del sur
La estrella del sur En el curso de las notables averiguaciones sobre la solubilidad de cuerpos sólidos en los gases —averiguaciones que le habían ocupado todo el año precedente— Cyprien no había dejado de advertir que ciertas substancias, la sílice y la alúmina, por ejemplo, insolubles en el agua, quedan disueltas por el vapor de agua a una alta presión y a una temperatura muy elevada.
En esto se basaba su determinación de examinar, desde luego si no podía hallar de igual modo un fundente gaseoso del carbono, a fin de conseguir luego una cristalización.
Pero todas sus tentativas sobre el particular le resultaron infructuosas, y después de algunas semanas de inútiles ensayos, se vio obligado a cambiar sus baterías.
Baterías era en verdad la expresión apropiada, porque según hemos de ver, un cañón debía jugar un importante papel.
Diversas analogías inclinaban al joven ingeniero a admitir que el diamante podría muy bien formarse en los kopjes de la misma manera que el azufre en las solfataras. No ignoramos que el azufre resulta de la semioxidación del hidrógeno sulfurado; después que una parte se ha cambiado en ácido sulfuroso, el resto se deposita en cristales sobre las paredes de la solfatara.