La estrella del sur
La estrella del sur Grande fue el día en que se dio por terminado el experimento. Dos semanas hacía ya que el fuego estaba apagado, lo que permitió al aparato irse enfriando lentamente.
Cyprien, juzgando que la cristalización del carbono debía estar ya hecha, si es que tal cosa era posible en las condiciones con que había operado, se decidió a levantar la capa de tierra que formaba costra alrededor del horno.
Aquella especie de costra fue preciso atacarla a piquetazos, pues se había endurecido como un ladrillo en el horno de un tejero. Finalmente cedió a los esfuerzos de Matakit, y bien pronto se descubrió la parte superior del horno, llamada capitel y por último el horno entero.
El corazón del joven ingeniero latía a razón de ciento veinte pulsaciones por minuto, en el momento en que el joven cafre, ayudado de Li y de Bardik, levantaba este capitel.

Que el experimento hubiera tenido buen éxito, no lo creía, ¡era de los que dudan siempre de sí mismos! Pero, después de todo, era posible. ¡Y qué alegría si era así! Todas sus esperanzas de dicha, de gloria de fortuna, se hallaban encerradas en aquel negro cilindro que reaparecía a sus ojos después de tantas semanas de expectación.
