La estrella del sur
La estrella del sur Cyprien se fue de nuevo a la morada de Jacobus Vandergaart. TenÃa el corazón destrozado, pero el joven francés estaba resuelto a hacer lo que consideraba como un deber profesional. Jacobus se hallaba solo. El corredor Nathan se habÃa apresurado a marcharse para ser el primero en esparcir la noticia que tan directamente le iba a interesar a los mineros.
—Esta noticia produjo gran sensación, aunque se ignoraba todavÃa que el enorme diamante del Monsieur, como llamaban a Cyprien fuese un diamante artificial. Pero el Monsieur se preocupa poco por las habladurÃas del kopje. TenÃa prisa de verificar con el viejo Vandergaart la calidad y el color de la piedra antes de proceder al redactado de su Memoria.
—Mi querido Jacobus —empezó, sentándose junto a él—, hacedme el favor de tallarme una faceta sobre esta joroba, a fin de que podamos ver algo de lo que se oculta bajo la ganga.
—Es cosa bien sencilla —aseguró el viejo lapidario tomando el pedernal de las manos de su joven amigo—. Habéis elegido perfectamente el sitio —añadió comprobando la presencia de un ligero abultamiento sobre uno de los lados de la gema, que, aparte de este defecto, era un óvalo casi perfecto—. Tallando de este lado nada arriesgamos para el porvenir.
