La estrella del sur

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XIII. Transvaal

En cuanto llegaron a Potchefstrom todos los viajeros, tuvieron noticia de que un cafre, cuyas señas parecían ser las de Matakit, había pasado la víspera por aquella población. Era una feliz circunstancia para el éxito de su empresa. Sin embargo, también supieron que la persecución iba a alargarse, pues el fugitivo se había procurado allí un ligero carruaje, arrastrado por un avestruz, lo que haría más difícil alcanzarle.

Porque realmente no hay mejores andarines que estos animales, que a la vez son sufridos y rápidos. Es preciso hacer notar que los avestruces de tiro son muy raros en el mismo Griqualandia, pues no son fáciles de instruir. Por esto, ni Cyprien, ni sus compañeros pudieron procurárselo en Potchefstrom.

Con estas condiciones, Matakit podía proseguir su camino al Norte con un equipaje que hubiera podido reventar a diez caballos de posta.

No quedaba, pues, más recurso que prepararse a seguirle lo más rápidamente posible. A la verdad, el fugitivo tenía, con una gran delantera, la ventaja de una celeridad muy superior a la del medio de locomoción que sus perseguidores iban a adoptar. Pero, en fin, las fuerzas de un avestruz tienen sus límites. Matakit se vería obligado a detenerse, y tal vez a perder tiempo. En último resultado, le alcanzarían al llegar al término de su viaje.


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