La estrella del sur
La estrella del sur El joven ingeniero y el chino contemplaban presas del mayor terror al desgraciado, suspendido en aquella red, que esta vez fue elevada a más de ciento cincuenta pies de altura, merced a un prodigioso esfuerzo de los volátiles, ayudados por la tormenta.

Inesperadamente se rompieron algunas mallas bajo los esfuerzos del napolitano. Viósele un instante colgado, procurar agarrarse a las cuerdas de la red… Pero sus manos se abrieron, soltó la presa y cayó como una masa, yendo a estrellarse luego en el suelo.
La red, aliviada de este peso, dio un último salto en el espacio, para caer luego a algunas millas más lejos, en tanto los gypaetos ganaban las altas zonas del espacio.
Cuando Cyprien corrió a socorrerle, su enemigo estaba muerto. Había ya dejado de existir en tan horribles condiciones.
De los cuatro rivales sólo él quedaba. Habían muerto los otros tres que con él se lanzaron en pos del mismo objetivo, a través de las llanuras del Transvaal.