La estrella del sur
La estrella del sur Los pájaros lograron huir, pero los grandes volátiles, enredadas sus garras en las mallas, en el momento en que sus vastas alas estuvieron libres, maniobraron con un conjunto formidable. Todos aquellos remos aéreos reunidos, todos aquellos músculos pectorales cuyos movimientos eran simultáneos, formaban, ayudados por la furia de la borrasca, una potencia tan colosal, que cien kilogramos no les pesaban más que lo que hubiera pesado una pluma.
De este modo la red, reducida, arrollada y desarrollada en sà misma, presentando presa a los asaltos del viento, sé vio súbitamente levantada, con Annibal Pantalacci, cogido por los pies y, por las manos, a veinticuatro o treinta metros del suelo.
Cyprien llegó en aquel momento, y sólo pudo asistir a este rapto de su enemigo hacia la región de las nubes.
Entonces los gypaetos, fatigados por este primer esfuerzo, tendieron visiblemente a descender, describiendo una larga parábola.
En tres segundos bajó hasta las copas de los lentiscos y de las higueras de Indias que se extendÃan al oeste de los campos de maÃz.
Luego de haber rasado la cima a tres o cuatro metros del suelo, volvió a levantarse por segunda vez en los aires.