La estrella del sur
La estrella del sur Li se arrojó a tierra, y con su fría malicia, pensando que el mejor medio de asegurar al prisionero era encerrarle definitivamente en la red, se apresuró a desatar la parte que se hallaba cerca de él, con la intención de amontonar unas sobre otras.
Repentinamente, se produjo un inesperado golpe teatral.
En aquel momento, el viento sopló con furia, encorvando los árboles de las cercanías, como si alguna espantosa tromba hubiese pasado al nivel del suelo.
Annibal Pantalacci, en sus esfuerzos desesperados, había arrancado ya un gran número de los piquetes que retenían la red por su apéndice inferior.
Viéndose entonces bajo amenaza de una captura inminente, comenzó a dar sacudidas más encarnizadas que nunca.
De pronto, un violento asalto del huracán arrancó la red.
Los últimos lazos que retenían en el suelo aquel inmenso tejido de cuerdas, fueron rotos, y la emplumada colonia que aprisionaba, tomó vuelo con un ruido atronador.