La estrella del sur
La estrella del sur Para las necesidades del trabajo y la circulación, cada concesionario quedaba obligado, por los reglamentos oficiales, a dejar sobre uno de los lados de su pozo una anchura de siete pies intacta por completo. Este paso, con otro, igual en latitud, reservado por el medianero, establecen una especie de calzada a nivel con el terreno primitivo. Sobre esta banqueta se colocaba de través una continuación o serie de durmientes de madera que volaban un metro por cada lado, y le daban la anchura necesaria para pasar dos carretones sin rozarse.
Desgraciadamente para la solidez de esta vía colgante, y para la seguridad de los mineros, los concesionarios no dejaban nunca de vaciar gradualmente el pie del muro a medida que los trabajos descendían; de suerte que la calzada, colgada a veces a una altura doble de la de las torres de Nuestra Señora de París, concluía por afectar la forma de una pirámide invertida, apoyada sobre su vértice. La consecuencia de esta mala disposición es fácil de prever: el hundimiento frecuente de estas murallas, bien en la estación de las lluvias, bien por un cambio brusco de temperatura, que determina anchas grietas en el espesor de estas tierras, Pero la continuidad de semejantes catástrofes no impedía a los imprudentes mineros seguir horadando su claim hasta el extremo límite de la pared.