La estrella del sur
La estrella del sur Tras haber dado una comilona para celebrar el nacimiento de La Estrella del Sur, John Watkins —ahora el más rico granjero del Griqualandia—, no podÃa menos que ofrecer una segunda a fin de festejar su resurrección. Sólo que esta vez podÃa asegurarse que tomó todas las precauciones imaginables para que no volviese a desaparecer. Dada no fue invitada a la fiesta.
El festÃn se hallaba en todo su esplendor en la tarde del siguiente dÃa a los hechos que hemos narrado en el capÃtulo anterior.
Desde la mañana, John Watkins habÃa convocado a sus acostumbrados comensales, pedido en las tiendas de los carniceros del distrito carne suficiente para alimentar una compañÃa de infanterÃa; amontonando en su despensa todas las vituallas, todas las cajas de conserva, todas las botellas de licores y vinos extranjeros que las cantinas de los alrededores habÃan podido proporcionar.
Desde las cuatro, la mesa estaba dispuesta en el gran salón, las botellas colocadas en buen orden en el aparador, y los cuartos de buey o de carnero dando vueltas en el asador.
