La invasion del mar
La invasion del mar Pero él y los oficiales habían sido observados por dos hombres ocultos detrás de una espesa maleza en una brecha de las dunas, teniendo gran cuidado de que no fuese advertida su presencia. Desde su escondrijo estuvieron observando a menos de cincuenta pasos a los tres extranjeros cuando caminaban por la orilla, tanto a la ida como a la vuelta. Cuando cayeron sobre la tierra las primeras sombras del crepúsculo, los dos espías arriesgáronse a acercarse al campamento.
Valiente los olfateó, sin duda, y, dando algunas señales de inquietud, gruñó sordamente. Pero su amo le tranquilizó, después de haber dirigido una ojeada por los alrededores, y el perro fue a echarse cerca del suboficial.
De pronto detuviéronse los dos indígenas en la linde del bosquecillo. A las ocho era ya de noche, pues el crepúsculo es de corta duración en esta latitud. No había duda de que su propósito era observar todo lo más cerca posible el campamento levantado en la entrada del segundo canal.
¿Con qué objeto? ¿Quién los enviaba?…
Que los jinetes pertenecían a un regimiento de espahíes ya lo sabían, puesto que vieron a los dos oficiales durante su excursión con el ingeniero. Pero ¿de cuántos hombres constaba el destacamento? ¿Qué material escoltaba con dirección al Melrir?… Esto era precisamente lo que querían reconocer.