La invasion del mar

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CAPÍTULO XII LO QUE HABÍA SUCEDIDO

Después de partir el teniente Villette el ingeniero había empezado a tomar sus disposiciones en prevención de una estancia que podía prolongarse algunos días.

Nadie había concebido la menor sospecha respecto a Mezaki; nadie dudaba que, al llegar la noche, Pointar estaría en el campamento con los obreros recogidos por el teniente Villette.

En el kilómetro 347 no quedaban más que diez hombres en total: el ingeniero, el capitán Hardigan, el cabo Pistache, el señor Francois, cuatro espahíes y los dos conductores de los carros. Todos se ocuparon en preparar el campamento en la linde del bosque, cerca de las obras. Así se llevaron los vehículos y, una vez descargado el material, fueron levantadas las tiendas, como de costumbre. Los soldados escogieron un buen forraje para sus monturas. El destacamento disponía de víveres para unos días. Por otra parte, era de suponer que Pointar y sus obreros no se presentarían sin las correspondientes provisiones de boca que habrían podido proporcionarse ampliamente en Zeribet.

Además, contábase con los recursos de los poblados próximos, Nefta, Tozeur y La Hamma. Más tarde, los indígenas no podrían nada contra la gran obra de los continuadores de Roudaire.


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