La invasion del mar
La invasion del mar —Entonces Villette no está lejos —dijo el capitán.
En efecto, el fiel animal precedÃa siempre a su amo, y, por lo tanto, los expedicionarios debÃan estar al llegar.

En aquel momento, sin que nada hubiera anunciado su aparición, una treintena de indÃgenas cayeron de improviso sobre el campamento. El capitán, el ingeniero, su criado y los otros tres se vieron rodeados, sin que les dieran tiempo de defenderse. Y además, ¿qué podÃan hacer seis hombres contra aquella avalancha que acababa de sorprenderles?
En un instante todo fue saqueado y los caballos arrastrados hacia el Melrir.
Los prisioneros, separados unos de otros, sin posibilidad de comunicarse entre sÃ, salieron del campamento empujados por los indÃgenas, seguidos por el perro, que se habÃa lanzado sobre sus huellas.
Estaban ya lejos cuando el teniente Villette y los suyos llegaron al campamento, donde no encontraron los hombres y los caballos que habÃan dejado allà aquella misma mañana.