La invasion del mar
La invasion del mar —No cabe duda —decÃa el oficial— que Villette no ha llegado anoche a Goleah. Al no encontrarnos allÃ, al ver nuestro campamento saqueado, ¿cómo admitir que no se haya puesto inmediatamente en nuestra busca?
—Suponiendo que no haya sido también atacado cuando remontaba hacia el oasis de Gizeb —hizo observar el ingeniero.
—SÃ, sÃ, todo es posible con ese Mezaki —dijo Pistache—. ¡Ah, si llega a caer un dÃa entre mis uñas ese canalla, no le arriendo la ganancia!…
En aquel momento Sohar dio la orden de partir.
El capitán Hardigan le preguntó:
—¿Qué quieres hacer de nosotros?
Sobar no contestó.
—¿Adónde nos conduces?
Sohar se limitó a mandar brutalmente:
—¡A caballo!
No hubo más remedio que obedecer; y lo más desagradable para el señor Francais fue que aquella mañana no podÃa afeitarse.
En aquel momento, el cabo no pudo contener un grito de indignación.
—¡Miradlo, miradlo! —repetÃa.
Todas las miradas se dirigieron hacia el personaje que Pistache designaba a sus compañeros.