La invasion del mar
La invasion del mar El capitán Hardigan se decidiĂł a marchar hacia el este, despuĂ©s de maduro examen. En la parte opuesta, un poco más allá de la linde occidental del Melrir, se encontraba la pista frecuentada de Tuggurt que seguĂa el trazado del transahariano, y desde donde hubiera sido fácil ganar Biskra con seguridad en un tiempo ordinario. Pero esta parte del chott no la conocĂa, pues habĂa ido por el este de Goleah a Zenfig, y, remontar el Hinguiz hacia el oeste, no sĂłlo le era desconocido, sino que habĂa el riesgo de encontrar gentes de Hadjar vigilando las tropas, pudiendo llegar a Biskra por ese lado. Por otra parte, el recorrido era aproximadamente igual entre Zenfig y la terminal del canal. Los obreros podĂan estar de nuevo en la obra prevenidos. Y, además, volviendo a Goleah, era posible encontrarse con el destacamento del teniente Villette que debĂa de efectuar sus expediciones en esta parte del Djerid. Y, en fin, habĂa tomado aquella direcciĂłn, y «sus razones tendrĂa para ello», como decĂa el cabo.
—Mi capitán —dijo Pistache—, sigamos al perro, que no se equivoca. Además, ve de noche lo mismo que de dĂa… Le aseguro a usted que es un perro que tiene ojos de gato.
—Sigámosle —habĂa contestado el capitán Hardigan.
