La invasion del mar

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CAPĂŤTULO XV EN FUGA

El capitán Hardigan se decidió a marchar hacia el este, después de maduro examen. En la parte opuesta, un poco más allá de la linde occidental del Melrir, se encontraba la pista frecuentada de Tuggurt que seguía el trazado del transahariano, y desde donde hubiera sido fácil ganar Biskra con seguridad en un tiempo ordinario. Pero esta parte del chott no la conocía, pues había ido por el este de Goleah a Zenfig, y, remontar el Hinguiz hacia el oeste, no sólo le era desconocido, sino que había el riesgo de encontrar gentes de Hadjar vigilando las tropas, pudiendo llegar a Biskra por ese lado. Por otra parte, el recorrido era aproximadamente igual entre Zenfig y la terminal del canal. Los obreros podían estar de nuevo en la obra prevenidos. Y, además, volviendo a Goleah, era posible encontrarse con el destacamento del teniente Villette que debía de efectuar sus expediciones en esta parte del Djerid. Y, en fin, había tomado aquella dirección, y «sus razones tendría para ello», como decía el cabo.

—Mi capitán —dijo Pistache—, sigamos al perro, que no se equivoca. Además, ve de noche lo mismo que de día… Le aseguro a usted que es un perro que tiene ojos de gato.

—Sigámosle —había contestado el capitán Hardigan.


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