La invasion del mar
La invasion del mar Después de dirigir sus sinceros cumplimientos a la asistencia que había respondido a su convocatoria; después de dar las gracias a los funcionarios franceses y tunecinos que, con los notables de Gabes, asistían a la conferencia, el señor de Schaller habló en estos términos:
«Preciso es convenir, señores, en que con los progresos de la ciencia, la confusión entre la historia y la leyenda tiende a ser más imposible cada día. La una acaba por hacer justicia a la otra. Ésta pertenece a los poetas; la otra es del dominio de los sabios, y cada cual tiene su clientela especial. Aunque reconociendo los méritos de la leyenda, no tengo más remedio que relegarla al campo de la imaginación, sin fijarme más que en las realidades probadas por las observaciones científicas».
La nueva sala del Casino de Gabes difícilmente hubiese reunido un público mejor dispuesto a seguir al conferenciante en sus trascendentales demostraciones. El auditorio estaba iniciado de antemano en el tema que se iba a desarrollar. Así es que sus palabras fueron acogidas desde los primeros momentos con un murmullo halagador.
