La invasion del mar
La invasion del mar »No es que me inspiren gran cuidado los indígenas, a pesar de la complicación debida al acantonamiento de algunas tribus tuaregs en los territorios del sur, acontecimiento que tal vez tenga su lado bueno. ¿No fueron los beduinos del desierto excelentes colaboradores en la empresa del canal de Suez? Por el momento, parece que están tranquilos; pero permanecen vigilantes, y no sería prudente fiarse demasiado de las apariencias. Con un soldado tan bravo y experto como el capitán Hardigan, seguro de los hombres que manda y al corriente de las costumbres de los habitantes de estas comarcas, nada tendremos que temer los expedicionarios. Al regresar, os comunicaremos observaciones absolutamente precisas y estableceremos con exactitud el presupuesto para la terminación de los trabajos, de suerte que podáis asociaros a la gloria y me atrevo a decir que a los beneficios de una empresa grandiosa, tan feliz como patriótica, condenada en sus comienzos, pero que, gracias a ustedes, realizaremos ahora, para honor y prosperidad de la patria, que nos ayudará, y que, como ya en el sur oranés, sabrá hacer de las tribus todavía hostiles los más seguros y fieles guardianes de nuestra incomparable conquista sobre la naturaleza.