La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Todo estaba terminado y los colonos se disponían a bajar del monte
Franklin para volver a las Chimeneas, cuando Pencroff exclamó:
-¡Somos unos aturdidos!
-¿Por qué? -preguntó Gedeón Spilett, que había cerrado su cuaderno.
-¿Y nuestra isla? ¡Nos hemos olvidado de bautizarla!
Harbert iba a proponer darle el nombre del ingeniero y todos sus compañeros hubieran aplaudido la idea, cuando Ciro Smith dijo sencillamente:
-Démosle el nombre de un gran ciudadano, amigos míos, del que lucha en estos momentos para defender la unidad de la República Americana. ¡Llamémosla Lincoln!