La Isla misteriosa
La Isla misteriosa provisiones y no nos faltará fuego para asar los alimentos.
-Cierto -repuso el corresponsal-, pero ¿y si fuesen los alimentos los que nos faltasen por carecer de instrumentos de caza?
-¡Ah!, ¡si tuviera un cuchillo! -exclamó el marinero.
-¿Qué harÃas con él? -le preguntó el ingeniero.
-Pues harÃa un arco y flechas y tendrÃamos abastecida la despensa.
-SÃ, un cuchillo..., una hoja cortante... -murmuró el ingeniero como hablando consigo mismo.
Al mismo tiempo miró a Top, que iba y venÃa por la playa.
- ¡Top, aquÃ! -gritó, animándose su mirada. El perro acudió corriendo en cuanto oyó la voz de su amo. Ciro le tomó la cabeza y le quitó el collar que llevaba y que rompió en dos partes.
-¡Aquà tenemos dos cuchillos, Pencroff! -dijo luego. El marinero contestó con dos sonoros hurras.