La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -¿Para hacer velas de sebo?
-No, para hacer bujÃas esteáricas.
Este era el proyecto del ingeniero, proyecto realizable, pues tenÃa cal y ácido sulfúrico y los anfibios del islote le darÃan la grasa necesaria para la fabricación.
Era el 4 de junio, domingo de Pentecostés, y se acordó unánimemente observar aquella fiesta. Suspendieron todos los trabajos y elevaron oraciones al cielo; pero aquellas preces eran acciones de gracias, porque los colonos de la isla Lincoln no eran ya los miserables náufragos arrojados al islote; no pedÃan más y daban gracias al AltÃsimo. Al dÃa siguiente, 5 de junio, con un tiempo muy vario, se verificó su expedición al islote. Fue preciso aprovechar la marea baja, pasar a pie el canal, y con este motivo se convino en que se construirÃa como mejor se pudiera una canoa que hiciese las comunicaciones más fáciles y permitiera también subir por el rÃo de la Merced cuando se hiciera la gran exploración al sudoeste de la isla, que se habÃa aplazado para los primeros dÃas de buen tiempo.
Las focas abundaban en el islote, y los cazadores, armados de sus jabalinas, mataron fácilmente media docena. Nab y Pencroff las desollaron y sólo llevaron al Palacio de granito la grasa y la piel, la primera para las bujÃas y la segunda para la fabricación de sólido calzado.