La Isla misteriosa

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La operación no duró más de veinticuatro horas. Después de varios ensayos se hicieron mechas con fibras vegetales y, empapadas en la sustancia licuefacta, formaron verdaderas bujías esteáricas, que se moldearon con la mano, y a las cuales no faltaba ni blancura ni pulimento. No ofrecían, sin duda, la ventaja que tienen las mechas impregnadas de ácido bórico, de vitrificarse a medida que se efectúa la combustión y de consumirse enteramente; pero Ciro Smith fabricó un hermoso par de despabiladeras, y aquellas bujías fueron muy estimadas durante las grandes veladas del Palacio de granito. Durante aquel mes no faltó trabajo en el interior de la casa. Los carpinteros tuvieron mucho que hacer: se perfeccionaron los útiles, que eran muy rudimentarios, y también se hicieron otros para completar la herramienta. Se fabricaron tijeras y los colonos pudieron cortarse el pelo y, si no afeitarse, por lo menos arreglarse la barba. Harbert no la tenía; Nab, tampoco; pero sus compañeros estaban bastante erizados para justificar la construcción de dichas tijeras.







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